IVELL no nace de una tendencia de mercado. Nace de una pregunta que se repetía en consulta.

La pregunta
«¿Y qué champú me compro?»
Es la pregunta que llega al final de casi todas las consultas capilares, cuando ya se ha hablado de lo importante. Y durante años la respuesta honesta fue incómoda: depende, y lo que hay en el lineal no siempre ayuda a decidir.
El cuidado capilar se vende por tipo de cabello —liso, rizado, teñido— cuando lo que determina qué necesita una persona casi nunca es eso. Es lo que le está pasando.

Dos personas con el mismo pelo pueden necesitar cosas opuestas. Y dos personas con pelos muy distintos pueden necesitar lo mismo.

El punto de partida
Construido al revés
Primero las necesidades, después las fórmulas. Cada producto responde a una situación concreta y se formula para resolverla sin crear otra por el camino: es lo que pasa cuando un champú purificante reseca el largo, o cuando uno muy nutritivo apelmaza la raíz.
De ahí salen cuatro líneas y no catorce. Si una fórmula no resolvía algo que no estuviera ya resuelto, no entraba.
En imágenes






4
líneas, no catorce
2–3
pasos por rutina
0
sulfatos agresivos
Cómo se formula
01
Activos a concentración útil
Un ingrediente en la etiqueta no sirve de nada si está en una cantidad simbólica.
02
Tensioactivos suaves
Sin sulfatos agresivos: un cuero cabelludo decapado produce más grasa, no menos.
03
Texturas que se aclaran
Lo que queda en el pelo después del aclarado no es cuidado: es residuo.
04
Lo justo
Cada ingrediente tiene una función. Si no la tiene, sobra.
¿No sabes por dónde empezar?
Cinco preguntas, dos minutos y una recomendación concreta. Sin pedirte el correo.
